La vida es una comedia para
quienes piensan y una tragedia para quienes sienten. Horace Walpole.
Era
una calurosa tarde de agosto del año 1963.
Aquella tarde, Richard Robles, un delincuente habitual, se hallaba en libertad condicional, decidió
robar por última vez. Según declaró posteriormente, había tomado la decisión de
dejar de robar, pero necesitaba desesperadamente dinero para su amiga
y para su hija de tres años de edad.
El
lujoso apartamento del Upper East Side de Nueva York que Robles eligió para
aquella ocasión pertenecía a dos jóvenes mujeres, Janice Wylie, de veintiún años, y Emily Hoffert. Robles creía que no
había nadie en casa, pero se equivocó y. una vez dentro, se encontró con Wylie
y se vio obligado a amenazarla con un cuchillo y amordazaría, y lo mismo tuvo
que hacer cuando, a punto de salir, tropezó con Hoffert.
Según
contó años más tarde, mientras estaba amordazando a Hoffert, Janice Wylie le
aseguró que nunca lograría escapar porque ella recordaría su rostro y no
cejaría hasta que la policía diera con él. Robles, entró entonces en pánico y
perdió completamente el control de sí mismo. Luego, en pleno ataque
de locura, golpeó a las dos mujeres con una botella hasta dejarlas
inconscientes y, dominado por la rabia y el miedo, las apuñaló una y otra vez
con un cuchillo de cocina. Veinticinco años más tarde, recordando el incidente,
se lamentaba diciendo: «estaba como loco. Mi cabeza simplemente estalló».
Este
tipo de explosiones emocionales constituye una especie de secuestro neuronal.
Según sugiere la evidencia, en tales momentos un centro del sistema límbico
declara el estado de urgencia y recluta todos los recursos del
cerebro para llevar a cabo su impostergable tarea. Este secuestro tiene lugar
en un instante y desencadena una reacción decisiva antes incluso de que el
neocórtex -el cerebro pensante- tenga siquiera la posibilidad de darse cuenta
plenamente de lo que está ocurriendo, y mucho menos todavía de decidir si se
trata de una respuesta adecuada. El rasgo distintivo de este tipo de secuestros
es que, pasado el momento crítico, el sujeto no sabe bien lo que acaba de
ocurrir.
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