El cerebro del ser humano, ese kilo de células y jugos
neuronales, tiene un tamaño unas tres veces superior al de nuestros primos
evolutivos, los primates no humanos. A lo largo de millones de años de evolución,
el cerebro ha ido creciendo desde abajo hacia arriba, y los centros superiores constituyen
derivaciones de los centros inferiores más antiguos (un desarrollo evolutivo que
se repite, por cierto, en el cerebro de cada embrión humano).

La región más primitiva del cerebro, que compartimos con
todas aquellas especies que solo disponen de un rudimentario sistema nervioso,
es el tallo encefálico, que se halla en la parte superior de la médula espinal.
Este cerebro rudimentario regula las funciones vitales básicas, como la respiración,
el metabolismo de los otros órganos corporales y las reacciones y movimientos automáticos.
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