La principal función de la tristeza consiste en ayudarnos a
asimilar una perdida irreparable (como la muerte de un ser querido o un gran
desengaño).
La tristeza provoca la disminución de la energía y del
entusiasmo por las actividades vitales -especialmente las diversiones y los
placeres- y cuanto mas se profundiza y se acerca a la depresión, mas enlentece
el metabolismo corporal. Este encierro introspectivo nos brinda así la
oportunidad de llorar una perdida o una esperanza frustrada, sopesar sus consecuencias
y planificar, cuando la energía retorna, un nuevo comienzo. Esta disminución de
la energía debe haber manteniendo tristes y apesadumbrados a los primitivos seres
humanos en las proximidades de su hábitat, donde más seguros se encontraban.
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