El gesto que expresa desagrado parece ser universal y
transmite el mensaje de que algo resulta literal o metafóricamente repulsivo
para el gusto o para el olfato.
La expresión facial de disgusto –ladeando el labio superior
y frunciendo ligeramente la nariz- sugieren, como observaba Darwin, un intento
primordial de cerrar las fosas nasales para evitar un olor nauseabundo o para
expulsar un alimento tóxico.
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