Existe otra dimensión de la inteligencia personal que
Gardner señala reiteradamente y que, sin embargo, no parece haber explorado lo
suficiente; nos estamos refiriendo al papel que desempeñan las emociones.
Es posible que ello se deba a que, tal como el mismo Gardner me reconoció
personalmente, su trabajo está profundamente influido por el modelo del
psiquismo propugnado por las ciencias cognitivas y, en consecuencia,
su visión de las inteligencias múltiples subraya el aspecto cognitivo, es
decir, la comprensión -tanto en los demás como en uno mismo-
de las motivaciones y las pautas deconducta, con el objetivo de poner
esa visión al servicio de nuestra vida y de nuestras relaciones sociales.
Pero, al igual que ocurre en el dominio kinestésico, en donde la
excelencia física se manifiesta de un modo no verbal, el mundo de las
emociones se extiende más allá del alcance del lenguaje y de la
cognición.

Así pues, aunque la descripción que hace
Gardner de las inteligencias personales asigna una gran importancia al proceso de
comprensión del juego de las emociones y a la capacidad de
dominarlas, tanto él como sus colaboradores centran toda su atención en la
faceta cognitiva del sentimiento y no tratan de desentrañar el papel que desempeñan
los sentimientos. De este modo, el vasto continente de la vida emocional que
puede convertir nuestra vida interior y nuestras relaciones en algo sumamente
complejo, apremiante y desconcertante, queda sin explorar y nos deja en la
ignorancia, tanto para descubrir la inteligencia ya patenté en las emociones
como para averiguar la forma en que podemos hacerlas todavía más inteligentes.
El énfasis de Gardner en el componente cognitivo de la
inteligencia personal es un reflejo del zeigeist psicológico en
que se asienta su visión. Esta insistencia de la psicología en subrayar los
aspectos cognitivos -incluso en el dominio de las emociones- se debe, en parte,
a la peculiar historia de esta disciplina científica.
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