De este cerebro
primitivo –elato encefálico- emergieron los centros emocionales que, millones de
años más tarde, dieron lugar al cerebro pensante –o “neo córtex”- ese gran
bulbo de tejidos replegados sobre sí que configuran el estrato superior del
sistema nervioso. El hecho de que el cerebro emocional sea muy anterior al
racional y que este sea una derivación de aquel, revela con claridad las auténticas
relaciones existentes entre el pensamiento y el sentimiento.

La raíz más primitiva de nuestra vida emocional radica en el
sentido del olfato o, más precisamente, en el lóbulo olfatorio, este se ocupa
de registrar y analizar los olores.
A partir del lóbulo olfatorio comenzaron a desarrollarse los
centros más antiguos de la vida emocional, que luego fueron evolucionando hasta
terminar recubriendo por completo la parte superior del tallo encefálico.
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